Hola docente,
El claustro inicial siempre tiene dos formas de vivirse: el nuevo y el que repite. Sea del tipo que seas, siempre tiene lugar en el mismo sitio: el salón de actos. La escena siempre es la misma: sillas apiladas al fondo o butacas de cine, el proyector que tarda tres minutos en calentarse, el equipo directivo leyendo en voz alta cosas que ya se han dicho en correos, y medio claustro pendiente del móvil por si sus chiquillos (humanos o peludos) están bien y la otra mitad contándose el verano.
Y luego está la última fila. Ahí casi siempre hay dos o tres caras que no conoces (o puede que seas una de ellas). Gente que ha llegado esta semana, que todavía no sabe dónde se coge la llave del aula ni por qué nadie usa la fotocopiadora de la sala de profesores, y que lleva una hora asintiendo a siglas que no les dicen nada.
De eso va la carta de hoy. De lo que me preparo para el día 1 y de lo que hago con esa última fila.
«Cada mañana nacemos de nuevo. Lo que hacemos hoy es lo que más importa.»
— Buda
Septiembre tiene una trampa muy concreta: te hace creer que el trabajo consiste en llegar a todo a la vez. Y no. El primer día de clase no te van a pedir la programación, ni la primera Situación de Aprendizaje (SdA), ni el aula decorada. Te van a pedir que entres en el aula y sepas con quién estás. Todo lo demás tiene su fecha, y esa fecha casi nunca es la que tú te has marcado.
Hay cosa que sí dejo hecho los días antes de empezar las clases:
Horario y grupos, mirados de verdad. No solo cuántas horas: a qué hora caen. Saber que tienes ese grupo movido a última hora del viernes cambia lo que preparas para ese grupo.
Listas y expedientes del curso pasado. Informes, adaptaciones, repetidores. Diez minutos ahora te ahorran la conversación incómoda de octubre con jefatura.
Accesos y claves. La plataforma de tu comunidad, el correo corporativo, el aula virtual. Que no te pille el primer parte de faltas peleándote con una contraseña caducada.
Reparto de funciones. Lo que asumes, lo que no, y quién lo ha dicho. Anótalo, siempre está bien tener esa información en caso de dudas.
La primera semana preparada. Solo la primera. No el trimestre. Yo llevo la presentación con las normas, la dinámica de presentación para conocerlos y el tema de introducción.
Pero hay cosas que pueden esperar sin que pase nada: la programación completa, las SdA del segundo y tercer trimestre, el mural del aula y cualquier documento que nadie te haya reclamado con una fecha límite. Como norma, si algo no tiene fecha ni destinatario, no es urgente: es ruido.
Sin embargo hay cosas que no suelen aparecer en los típicos checklist de inicio de curso. Si este no es tu primer año en el centro, tienes una tarea que no aparece en ningún documento: acercarte a los que sí lo estrenan. Da igual que sean interinos de dos meses o definitivos de veinte años.
No hace falta un discurso. Con enseñarles dónde está el baño de profes, cómo se pide una llave y a quién se le pregunta de verdad cuando algo falla, les ahorras dos semanas de ir dando tumbos. Y a ti te cuesta una mañana.
Lo digo por interés propio. El claustro en el que da gusto trabajar no lo monta el equipo directivo con una jornada de acogida: lo montamos nosotros en los pasillos durante la primera semana. Esto no va de hacer amigos, va de hacer compañeros de trabajo.
Si te apetece, responde a este correo y cuéntame qué te habría salvado tu primer día en un centro nuevo.
Nos leemos el próximo domingo a las 08:08.
Ginés — docentemente
PD: si el nuevo eres tú este año, la lista te vale igual. Añade solo una cosa: preguntar sin vergüenza. Nadie ha pensado nunca que un compañero es peor profesor por preguntar dónde está el aula I-6.

