Primera semana de curso. Primera hora.
Proyecto los criterios de evaluación del módulo y explico cómo vamos a trabajar.
Silencio.
Una mano al fondo.
“Vale, pero el examen, ¿cuánto cuenta?”
Medio grupo asiente. La otra mitad ya tiene el bolígrafo listo para apuntar el porcentaje.
Vienen de años de 60% examen, 30% actividades y 10% comportamiento.
Y yo les acabo de decir que aquí eso no existe.
El 60-30-10 tranquiliza a todo el mundo porque se suma rápido.
El problema es lo que suma: pesa tipos de prueba y no aprendizajes.
Y cuando programas por criterios, en Secundaria o en FP, esa cuenta se cae en cuanto alguien pregunta de dónde sale un 6.
Por eso, al inicio de curso, dedico una sesión a explicarle al alumnado de dónde sale su evaluación. Queda un mes justo para la primera evaluación, así que si en septiembre no lo hiciste, todavía llegas. Esto es lo que hago y por qué lo hago.
Enseña el mapa antes que el examen. Los criterios, en un idioma que entiendan. En un módulo de redes de FP, “configura una red local siguiendo unas especificaciones” les dice mucho más que “tema 3”. En la ESO pasa lo mismo: lo que van a tener que demostrar, escrito como algo que se hace.
Cuelga cada instrumento de un criterio. Cada práctica y cada prueba dice qué criterio evidencia. El examen sigue existiendo, sin ponerse estupendo, pero como un instrumento más. Ya no lo decide todo. Cuando el alumno ve que la práctica de cableado y la prueba escrita miden cosas distintas, deja de preguntar cuánto vale cada una y empieza a preguntar qué le falta.
Separa evaluar de calificar delante de ellos. Evaluar es recoger evidencias y devolver información mientras todavía se puede mejorar. Calificar es poner el número cuando toca. Devuelve una rúbrica con un comentario y sin nota a mitad de unidad, y lo entienden antes que con cualquier explicación tuya.
Saca el comportamiento del saco de la nota. Si la actitud entra, que sea porque hay un criterio que la recoge, como el trabajo en equipo cuando la programación lo contempla. Como premio por estar callado, no. Ese 10% de “comportamiento” es justo lo que peor vas a poder defender si te lo cuestionan.
Devuélveles la cuenta para que la hagan ellos. Al cerrar la unidad, una tabla sencilla: criterio, evidencias, nivel alcanzado. Sabrás que funciona cuando un alumno pueda explicar la nota en casa sin que nadie te llame. Si él puede, tú también podrás ante una reclamación o ante inspección.
El examen mide un día.
El criterio mide un curso.
Si tu alumnado sabe de dónde sale su nota,
tú sabes defenderla.
Respóndeme a esta carta: ¿qué te preguntan tus alumnos cuando les cuentas que el examen ya no lo decide todo?
Nos leemos el domingo a las 08:08. Un abrazo,
Ginés · docentemente.
P.D. El alumno del fondo apuntó igualmente “examen: mucho”. Seguimos trabajando en ello.

